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Nasry Asfura asume la presidencia de Honduras entre dudas electorales y presión social

Economía frágil, reclamos por corrupción y el apoyo de Donald Trump al nuevo presidente marcan el inicio del gobierno de Honduras

Nasry Asfura asume la presidencia de Honduras entre dudas electorales y presión social
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El presidente electo de Honduras, Nasry Asfura, asumirá el poder este 27 de enero en un contexto de alta tensión política y social. Llega al cargo tras una elección de resultado ajustado y cuestionado, con un país donde más del 60% de la población vive en pobreza, las instituciones muestran debilidad estructural y el reclamo contra la corrupción domina la conversación pública, tanto dentro como fuera del país.

Vínculos con EE. UU.

Respaldado de forma explícita por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y bajo la bandera del Partido Nacional (PNH), Asfura se convertirá en el sucesor de Xiomara Castro con una agenda que busca distanciarse de los postulados de la izquierda regional. Este alineamiento político internacional, sumado al contexto interno, coloca al nuevo mandatario bajo un escrutinio inmediato por parte de la ciudadanía y de los actores económicos.

Uno de los primeros desafíos será legitimar una elección cuestionada en Honduras. El retraso de tres semanas en la publicación de resultados por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE), las fallas técnicas y las denuncias de fraude de candidatos como Salvador Nasralla y Rixi Moncada debilitaron aún más la confianza ciudadana. “Han socavado aún más la ya frágil confianza pública en el proceso electoral”, señaló a CNN Cecilia Godoy, analista para Latinoamérica y el Caribe del Economic Intelligence Unit (EIU).

 

 

Acusaciones de corrupción en elecciones

Asfura ha defendido la transparencia del proceso. “Al final ahí están los datos, datos reales”, dijo en entrevista con CNN. Sin embargo, expertos coinciden en que esta falta de consenso podría acortar su periodo de “luna de miel” política y condicionar la gobernabilidad desde el inicio. Analistas como Josué Murillo, de la Fundación Panamericana para el Desarrollo (PADF), subrayan que reconstruir la confianza requerirá voluntad política y acuerdos con el Congreso, incluso para impulsar reformas electorales como una eventual segunda vuelta.

Economía hondureña

En el plano económico, la economía hondureña enfrenta retos estructurales profundos. Reducir los niveles de pobreza —60,1 % general y 38,3 % extrema— y mejorar el acceso al empleo son prioridades inmediatas. Más de dos millones de personas enfrentaron problemas laborales en el último año, según el Instituto Nacional de Estadísticas de Honduras. Desde su equipo de transición, Fernando Anduray ha insistido en que la generación de empleo y el acceso a servicios básicos dignos marcarán el eje del nuevo mandato.

Las remesas en Honduras representan otro punto crítico. En 2025, el país recibió más de US$ 12.000 millones enviados por hondureños en el exterior, principalmente desde Estados Unidos. No obstante, especialistas advierten que el endurecimiento de las políticas migratorias y el aumento de deportaciones podrían frenar este flujo, afectando de manera desproporcionada a los hogares de bajos ingresos y elevando el riesgo de descontento social.

El combate a la corrupción en Honduras será determinante para la credibilidad del nuevo gobierno. El Partido Nacional carga con el peso de la condena por narcotráfico del expresidente Juan Orlando Hernández, posteriormente indultado por Trump. Aunque Asfura asegura que su partido “está cambiando continuamente”, analistas advierten que cualquier señal de continuidad con el pasado podría detonar una reacción ciudadana inmediata y erosionar su liderazgo en un escenario ya marcado por la desconfianza.