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Cuba resiste con aliados clave ante la presión de EE. UU.

Tras la caída de Maduro, Cuba pierde su principal socio petrolero y depende de México y Rusia frente a sanciones de EE.UU.

Cuba resiste con aliados clave ante la presión de EE. UU.
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La nueva ofensiva de Estados Unidos tras la captura de Nicolás Maduro dejó a Cuba sin su principal proveedor regional de crudo y obligó a La Habana a reconfigurar su red de apoyos internacionales. En medio de advertencias de sanciones a países que mantengan envíos energéticos a la isla, México y Rusia emergen como los aliados que aún sostienen a la economía cubana, golpeada por años de crisis y restricciones comerciales.

El presidente Donald Trump afirmó a finales de enero que Cuba estaba “muy cerca del colapso”, al señalar que había perdido el respaldo financiero y petrolero de Venezuela. Desde La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel rechazó esa narrativa y reconoció que el país atraviesa un “momento complejo”, pero negó un escenario de derrumbe inminente.

La situación ocurre en un contexto de deterioro estructural: en la última década, las exportaciones cubanas retrocedieron 47% y las importaciones 36%, mientras la inflación escaló del 2% al 70%, de acuerdo con el Real Instituto Elcano. El intercambio comercial con Venezuela —que durante casi 25 años fue el principal sostén energético de la isla— cayó 60% antes de interrumpirse.

 

 

México y Rusia, los apoyos que aún sostienen a la isla

Con la salida de escena de Caracas, México se convirtió en el principal socio regional dispuesto a mantener envíos de crudo. Durante 2025, el país envió entre 12.000 y 17.000 barriles diarios a la isla. Sin embargo, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó recientemente que los despachos están “detenidos” mientras se buscan alternativas diplomáticas para evitar afectaciones ante la amenaza de sanciones estadounidenses.

Sheinbaum calificó de “injustas” las medidas contra países que suministren petróleo a Cuba y sostuvo que el respaldo mexicano responde a razones humanitarias. No obstante, la pausa en los envíos coloca a La Habana en una posición de alta vulnerabilidad energética.

El otro sostén relevante es Rusia, que ha mantenido suministros de crudo, aunque en volúmenes inferiores a los que históricamente recibía Cuba desde Venezuela. Moscú, inmerso en su propia agenda geopolítica, no ha mostrado disposición a escalar tensiones con Washington en el hemisferio occidental.

El declive de los aliados históricos en América Latina

Durante décadas, Cuba logró sobrevivir gracias a alianzas estratégicas. Tras la desaparición de la Unión Soviética en 1991 y el llamado “período especial”, la isla encontró en la Venezuela de Hugo Chávez un socio ideológico y energético clave. Ese respaldo incluyó el intercambio de petróleo por servicios médicos y cooperación en seguridad.

Hoy el mapa regional es distinto. Nicaragua, gobernada por Daniel Ortega, enfrenta limitaciones económicas propias y ha endurecido incluso sus requisitos migratorios para ciudadanos cubanos. Brasil, pese a la histórica cercanía entre Fidel Castro y Luiz Inácio Lula da Silva, no ha retomado el nivel de cooperación de la década pasada ni ha enviado suministros energéticos. Guatemala anunció el fin gradual de su acuerdo para recibir médicos cubanos, en una decisión que coincidió con un nuevo entendimiento comercial con Washington.

Otros países que en el pasado fortalecieron la relación con La Habana —como Argentina, Bolivia, Honduras o Ecuador— han reducido su protagonismo o guardado silencio ante la actual coyuntura.

Energía, sanciones y riesgo de mayor aislamiento

La dependencia energética es el punto más crítico. En 2025, los envíos venezolanos promediaron 26.000 barriles diarios, lejos de los picos históricos de 100.000, pero aún determinantes para evitar apagones masivos. Sin esa provisión y con los despachos mexicanos en pausa, la isla enfrenta el riesgo de mayores cortes eléctricos y escasez.

El endurecimiento de las sanciones y la advertencia de represalias contra terceros países limitan el margen de maniobra diplomático. En la práctica, México y Rusia representan las últimas líneas de apoyo estructural para una economía que arrastra años de contracción, alta inflación y dificultades para importar alimentos y combustibles bajo el embargo estadounidense.

En este nuevo escenario, Cuba encara una etapa de mayor aislamiento regional, con alianzas más reducidas y bajo la presión creciente de sanciones de EE.UU., mientras busca evitar que la crisis energética profundice su ya delicada situación interna.